La autonomía escolar se ha puesto de moda

La autonomía escolar vuelve a estar en boga en estos tiempos de pandemia. Nunca como en este periodo de crisis había oído hablar tantas veces de la autonomía de los centros a nuestras autoridades educativas. Pese a los pronunciamientos unitarios de sindicatos, de las familias de la escuela pública, de las AMPAs de la escuela concertada y de la patronal Kristau Eskola la decisión de volver a las clases no se discute, pero cómo hacerlo queda en manos de los centros, según la Consejera, idea apoyada por la Presidenta del Consejo Escolar de Euskadi.

El procedimiento delegativo, según estamos viendo, y no me refiero solo a la vuelta del alumnado a los centros, consiste en enviar documentos prolijos con muchas ideas y pocas concreciones, como marco general, para a renglón seguido señalar que son orientaciones y que luego usted verá cómo se las arregla interpretando y concretando. Llama la atención la reconversión radical de nuestro Departamento de Educación a la autonomía de los centros, pues la realidad antes de la pandemia era muy distinta, al menos para los centros públicos. Veámoslo.

La Resolución que cada año se publica sobre la organización de estos en las diferentes etapas lo reglamenta casi todo, con lo que una dirección burócrata se siente feliz y segura, pues no tiene más que consultar la página correspondiente para saber qué tiene que hacer, con muy poco margen para el camino propio. Desde 1993 seguimos a la espera de que se desarrolle un marco jurídico que posibilite la realización de un principio efectivo de la autonomía de los centros, tal como propuso y comprometió la Ley de la Escuela Pública Vasca.  En la actualidad, un director o directora -tampoco un OMR o Consejo Escolar- de un centro público no puede decidir sobre una beca, sobre una plaza de comedor, sobre la supresión de un transporte escolar innecesario (estoy hablando de casos reales), sin una previa llamada suplicante al funcionario de la sección territorial correspondiente. Está muy limitado en compras y obras y salvo algunas comisiones de servicio del programa Hamaika Esku, no tienen nada que decir sobre la provisión del personal de sus propios centros con sus respectivos proyectos.

Este es el estado real de la autonomía de los centros públicos, pero en los momentos actuales de crisis, cansancio, (en algún caso agotamiento), dificultades de comunicación con su claustro y dificultades para reunir al OMR, las direcciones y los claustros están tomando importantes decisiones sobre la evaluación y el final de curso y ahora deben diseñar la vuelta a las aulas, sintiéndose en un brete entre la salvaguarda de la salud de su claustro y su alumnado y el empeño del Departamento de Educación que, a diferencia de otras administraciones como la navarra, ha optado por defender el derecho a la educación presencial de algunos cursos, algo muy complicado y prematuro de gestionar en la actual circunstancia.

La amplia literatura sobre el tema nos dice que la autonomía escolar no se improvisa, sino que se construye. Es un proceso lento que no implica menos Administración, sino más y mejor Administración que acompañe y promueva los proyectos de singularización de los centros. Además, no tiene que ser uniforme, como una especie de café para todos. Desde luego, no puede ser una coartada para la elusión de sus responsabilidades.

Pese a los riesgos que entraña la autonomía escolar, –no hay más que mirar las derivas desreguladoras de muchos países en las últimas décadas– para nada me alineo con los que, en aras del igualitarismo, son partidarios de un uniformismo soviético para los centros, sino que, desde un aliento comunitario, me declaro un firme defensor de la misma. Pero la actual delegación improvisada augura un mosaico caótico y desregulado de prácticas, que, afortunadamente, será limitado por ceñirse a algunos cursos, por la previsible tendencia de los centros a restringir todo lo posible la presencialidad y por el enésimo ejercicio de responsabilidad de las comunidades escolares. Espero que las bases del nuevo curso 2020-21, que no se presenta nada fácil, sean mucho más cocinadas con los representantes de los agentes implicados y se carguen menos sobre los hombros de los centros escolares.

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