Nekane Aguirre: “Tenemos normas, pero ¡qué difícil es hacerlas cumplir!”

“La tendencia a la segregación es real. El sistema se define como equitativo. Esa es la intención. Cualquier documento o normativa es muy avanzada. En el decir. Lo que nos falta es en el hacer.”

“Es que hay determinados momentos en que hay una presión. Es el pueblo, son las familias, son los representantes de… El tema es si asumimos el papel de la Administración Educativa como reguladora.”

Aulas concertadas, aulas autorizadas… “Lo sé, Lo sé. Eso no está bien. Hay ahí un pequeño cambalache. Eso es una normativa del año 87, que luego se le ha pretendido dar algún retoque”

“Estamos ante un escenario muy complejo para los próximos 10 años. Yo creo que va a haber que suprimir centros. La Escuela Pública ya lo ha hecho. En la década de los 90 hubo fusiones, integraciones… La red pública sí ha hecho un ejercicio de ajuste. A lo mejor hay que ajustar también las otras redes.”

“El tema de fondo, ¿cuál es?  ¿La titularidad? ¿La financiación?… ¿Vamos a seguir manteniendo unos proyectos que quizá hay que cerrarlos? Una ley… no sé si es la palabra, lo que sí hay que hacer es hablar de todos estos temas. Los acuerdos habidos están bien, me parecen interesantes, pero eso se queda en literatura si no se entra en temas de financiación, de estructura del sistema.”

“Admito que hay una cierta infantilización, pero yo estoy confiada. Yo confío en las nuevas generaciones. Tienen muchas fuentes de información y de acceso al conocimiento. Tenemos otros riesgos y no tenemos certezas, pero yo soy optimista.”


Con algo de antelación a la hora acordada –“he sido educada en la responsabilidad”, me dice con una sonrisa nada más llegar- me está esperando en el punto de encuentro Nekane Aguirre Arregui. Hernaniarra, socióloga de formación, con más de 4 décadas de vida laboral a sus espaldas, de los que, al menos 36, han sido de dedicación completa a la educación vasca. Su rico y variado currículo comprende la docencia de euskera en Erandio, la dirección de dos COP (Deusto y Rentería), la Dirección de Innovación con Oliveri, la Viceconsejería de Educación con Sabin Intxaurraga y Anjeles Iztueta, la dirección de un centro de Formación Profesional (Easo) y la responsabilidad de Planificación de Centros de Gipuzkoa, durante casi una década. Abordo a Nekane con la perspectiva que da un año cumplido desde su jubilación, en el convencimiento de que ha de conservar muchas reflexiones interesantes de su larga hoja de servicios y con la esperanza de que su actual situación le permita una gran libertad de pensamiento.

Desde tu larga trayectoria como gestora en la enseñanza, y ya con un año de distancia, ¿cómo ves la salud de la educación vasca?

La salud es buena. Lo que me sale decir es que miles de profesionales como yo hemos construido un patrimonio importante. Me sale sentirme parte y orgullosa de muchas de las cosas realizadas, como mucha gente de mi generación que ha puesto un granito importante. Pero a la vez la educación es terriblemente compleja, estamos en un momento complejo, con pocas certezas, y evidentemente queda mucho campo para la mejora. Creo también que hemos pecado de un poco de autosatisfacción, de mirarnos demasiado al ombligo.

¿Hay algo de lo que tú te sientes particularmente orgullosa?

Yo he sido muy feliz. Desde que empecé en Erandio, he escalado una escalera con muchos peldaños y he tenido una gran suerte. Yo en general soy muy positiva y he disfrutado mucho. Como muchos de mi generación venimos de un contexto de deseo de libertad y una gran capacidad de hacer cosas. Pero por destacar una época me gustó mucho cuando fui Directora de Innovación. Mi equipo y yo reflexionamos sobre educación, trabajando en equipos o grupos, aunque ya había mucho escrito sobre la educación como herramienta compensadora. Intentamos darle una vuelta a lo que eran los antiguos Centros de Orientación Pedagógica para pasar a Berritzegunes. Esto en la parte creativa. Pero me ha gustado mucho el haber volcado toda mi experiencia en los últimos años como responsable en Gipuzkoa de Centros, el haber podido planificar y observar la evolución de los centros.

¿Dejaste tu vida profesional con la pena de no haber logrado algo?

Tuve un momento complicado con el tema de la Educación Infantil 0-3, pero aquello no se entendió bien. Era complejo: la gratuidad, el tema asistencial y educativo, había que montar una estructura… Nuestro sistema como Departamento de Educación está muy institucionalizado, necesita unas aulas más flexibles y aquel tema no se resolvió bien o yo no lo pude resolver bien. La idea de fidelizar desde los 0 años en los centros públicos, el 0-2 dentro de los centros públicos era de una magnitud inabarcable, pese a pasar días y días haciendo números. Yo no le vi salida. Luego se montó el Consorcio.

Escribiste un texto al alimón con Alfonso Unceta titulado: “Aproximación a las dimensiones público y privado en el sistema educativo no universitario de la CAPV”. En aquel texto decíais: “si el compromiso de la educación con la igualdad de oportunidades es efectivo, ello debería reflejarse en la práctica en la composición de los distintos centros educativos… De lo contrario, determinadas líneas divisorias entre las condiciones de unos y otros establecimientos escolares tenderán a hacerse más gruesas, y deslegitimarán el discurso sobre la libertad de enseñanza.”  Esto es del año 2001 ¿Se ha avanzado algo en este terreno?

Yo creo que se ha profundizado. Lo que se apuntaba en aquel entonces hoy en día es visible. Del 2000 al 2012 hemos estado creciendo y con la armas que tenemos, con la normativa que tenemos se hacía una distribución del alumnado más o menos equitativa. Pero esta baraja se está rompiendo.

En la reciente publicación del Diagnóstico sobre la educación vasca, se dice que es un sistema educativo equitativo. Sin embargo, otros agentes insisten en que el problema de la segregación es importante. ¿Te parece que realmente existe un problema de segregación o que no es para tanto, una vez corregidos algunos excesos como en Vitoria-Gasteiz?

La tendencia a la segregación es real. El sistema se define como equitativo. Esa es la intención. Cualquier documento o normativa es muy avanzada. En el decir. Lo que nos falta es en el hacer. Cuando haces un análisis cuantitativo el sistema es equitativo. Hubo un acuerdo de reparto al 50% y llevamos 25 años con ese reparto. Pero si entramos a lo cualitativo, es donde podemos decir que la tendencia de la segregación existe y es real. Y si no se hace algo se va a intensificar. Por un lado, hay una bajada de natalidad. Van a sobrar aulas, porque hay un sistema sobredimensionado, es una realidad si haces un análisis escuela a escuela, municipio a municipio, territorio a territorio. Por otro lado, el contexto sociolingüístico y cultural: una clase media emergente que quiere unos perfiles determinados. Nuestros datos de emigración no son los de otras comunidades, pero son importantes. Además, los centros los tenemos donde los tenemos. Hay centros que están escolarizando un porcentaje muy alto de alumnado con nivel socioeconómico y cultural bajo. Ese problema está encima de la mesa. Por eso está la necesidad de acuerdo por un lado y el diagnóstico por otro. Ahora es el momento de abordarlo.

¿Le está pillando el toro al Departamento, por ejemplo, con el tema de la baja natalidad que va a traer mayor competitividad entre centros?

La competitividad ya está. Lo que pasa es que mientras ha habido para llenar todo… Hay que llegar a un diálogo, a un acuerdo, a una generosidad, yo no sé si es todavía el momento. Detrás de cada proyecto ya sea la pública, ya sea la concertada, y dentro de ella los diferentes proyectos, hay empresas, hay personas, hay organizaciones, hay formas de hacer… Habría que sentarse entre los diferentes agentes.

¿Hay quien ponga ese cauce? ¿El Departamento lo está poniendo?

Lo que se necesita es liderar. En este momento la Administración educativa ha dado un paso para empezar a liderar. Pero no es una reflexión solo del Departamento, es una reflexión de toda la sociedad.

¿Seguiste la evolución de la ILP sobre la escuela inclusiva?

La he seguido, pero a distancia, desde la barrera.

¿Te parece una oportunidad perdida?

Bueno, me parece que es necesaria. Esa revisión hay que hacerla. Pero se necesita un marco sobre qué tipo de educación queremos para el siglo XXI y del papel del profesorado y de la formación del profesorado… Son temas que irán aflorando. Antes ni se podía hablar ni de esto. Hoy en día hemos empezado a crear un discurso. No es tarde si se coge un liderazgo. El problema es que vivimos en ritmos diferentes. Uno es el que tiene las necesidades del sistema educativo y otro es que cada cuatro años elecciones y hay intereses y presiones concretas. Pienso que el tema de la ILP no se puede dejar, se tiene que retomar. Todo lo que se ha documentado en los dos últimos años ha servido para crear un discurso y nos hemos posicionado la mayoría. Tenemos normas, pero qué difícil es hacerlas cumplir. En mi experiencia de planificación en Gipuzkoa teníamos el Decreto de admisión de alumnos, que era una herramienta con sus limitaciones, pero que fue un paso hacia adelante. Pero ha costado casi 10 años y aún no hemos llegado al cumplimiento al 100%, pues, como todos sabemos, hay centros que no se atienen…

En tu experiencia de responsable de Centros en Gipuzkoa ¿has tenido que intervenir o has tenido que transigir con irregularidades, porque no podías hacer nada?

Es que hay determinados momentos en que hay una presión. Es el pueblo, son las familias, son los representantes de… El tema es si asumimos el papel de la Administración Educativa como reguladora, si lo legitimamos como tal. He sido de vocación pública y he sido disciplinada intentando cumplir con la normativa. El Decreto sobre conciertos viene del año 87 y ¡qué casualidad! en más de 25 años no se han dado los mimbres para una normativa nueva.

¿Qué ha aportado el nuevo Decreto de admisión de alumnado?

Poco más. Dejar un poquito más claro lo que ya antes había en el 2008. Pero cuesta realmente hacer cumplir eso. Insisto en si se admite el papel regulador de la Administración. Aquí hay un debate muy antiguo: o la libre elección de las familias y eso funciona como un tótem o una Administración intervencionista. Sin abogar por ser estalinista, sí creo que a la Administración hay que darle ese papel, pero hay grupos de presión que a veces surgen…

Pero esos movimientos de presión ¿se han hecho a veces contra la norma?

No voy a contestar a eso.

Te pongo el ejemplo de Ordizia…

Sí, ahí está el caso de Ordizia y el de Bergara y otros similares que me ha tocado también gestionar.

Sabes que hay unas aulas concertadas, otras simplemente autorizadas…

Lo sé, Lo sé. Eso no está bien. Hay ahí un pequeño cambalache. Eso es una normativa del año 87, que luego se le ha pretendido dar algún retoque. Pero lo importante es ese papel regulador de la Administración Educativa, que debiera estar absolutamente legitimado, pero se buscan pequeños resquicios. Hoy día prácticamente el 99% lo hace bien, pero todavía queda algún resquicio. Creo que lo que toca es sentarse en más de un sitio y plantearse “¿realmente en este municipio tiene sentido mantener tres centros abiertos, independientemente de si es red pública o concertada?”.

¿La bajada de la natalidad puede traer que el centro público se especialice en un tipo de alumnado?

Ese riesgo existe. Pero no es problema del centro público solamente. En los pueblos los centros están donde están. Está toda la política de viviendas. Están las zonas caras y las baratas. Los centros también envejecen y no los puedes cambiar de sitio. Es un problema de dónde está ese centro y del entorno que tiene.

¿Pero eso es un determinismo insuperable o se puede hacer algo?

Se puede hacer, pero empoderando a la Administración Educativa.

Pero ¿quién tiene que empoderar a la Administración Educativa? ¿No se tiene que empoderar ella?

Evidentemente. Tiene que haber un liderazgo. En este momento tan complejo tiene que haber un empoderamiento de la Administración Educativa, pero los otros tienen que reconocérselo. La Administración lo intenta, pero si el otro no te lo acepta…

Pero de su lado está la normativa, ¿no?

Sí, pero tiene que haber un acuerdo, un diálogo. Tiene que haber mucha generosidad. No podemos olvidar de dónde venimos y dónde estábamos en el año 78 o en el 82. Y muchos agentes de esa época están todavía. Pienso que lo mismo que en el año 92 se dieron unas condiciones, yo no sé si va a ser el año 2020 o 2021, pero sí me ha parecido interesante todo el movimiento que se ha querido canalizar. ¿Oportunidad perdida? Creo que de aquí hay que coger todo lo bueno que ha habido.

La iniciativa que han anunciado esta semana algunos sindicatos de llevar a Fiscalía el caso de Ordizia ¿te parece excesiva, una sobreactuación?

No sé. A mí me parece que no podemos obviar la sociedad que tenemos. Hay una realidad a la que no solo puede responder la escuela. Las familias, los municipios, la sociedad civil presionan. Y tenemos la sociedad que tenemos: una sociedad jerarquizada, clasista y, sobre todo, muy resistente al cambio. Hay que escuchar a todos los agentes. Aquí hay muchas voces.

¿Cómo funcionaba la comisión de escolarización en los años que fuiste responsable de Centros de Gipuzkoa? ¿Qué criterios seguíais?

El criterio era básicamente donde había sitio. Evidentemente hay unos centros que siempre llenan. ¿Cuál es la realidad actual? Ahora prácticamente no se barema. Cuando venían los de fuera de plazo, que eso fue sobre todo a partir de los años 2007-2008, ese alumnado vive en donde vive, están en entornos donde las escuelas no se llenan tanto.

¿Había más sitio en las escuelas públicas que en las concertadas? ¿Hasta qué punto es verdad que los centros concertados se llenan para luego no tener opciones de acoger alumnado?

Se llenan porque es su derecho y su obligación. Si un centro concertado tiene 50 plazas, la mayoría se llenan salvo centros concertados muy determinados en barrios marginales. Pero en general llenan las plazas. Luego hay que ver los intereses de esas familias, cuál es su situación o si eso supone desplazamiento o si lleva añadido comedor y autobús… En Gipuzkoa, por ejemplo, plazas para la concertada quedan pocas una vez terminado el período ordinario de matriculación y las que quedan son en la concertada menos demandada. También hay escuelas públicas que se llenan en cuanto abren la ventanilla y otras que, por su ubicación, no son tan demandadas.

Por tanto, no había un criterio de reparto entre redes, si no que se enviaba allá donde hubiera lugar.

A ver, hacíamos recuentos cuantitativos de cuántos iban a un lado y al otro, intentando buscar equilibrio, pero esa baraja se rompía. Te voy a poner un ejemplo. En Gipuzkoa cerrábamos la planificación para el 30 de junio. A lo largo del curso podían llegar unos 1400, de los cuales 700 te venían a lo largo de verano y podías tenerlos matriculados para el 1 de octubre. Es una inmediatez tal que es imposible gestionar el equilibrio. Intentas, pero al final es donde puedes, donde tienes plazas…

Y esas cautelas que pone la normativa para que se reserven plazas para alumnado de incorporación tardía o la capacidad de cada Delegada Territorial para que determine en cada centro qué cupo debe reservar, ¿por qué no se cumple eso? ¿Es tan difícil?

Cuando tú tienes 25 plazas y te llegan a la ventanilla 25 peticiones dentro de plazo, se admiten.

Ya, pero la normativa dice que existe esa reserva.

Esa reserva está más clara con las necesidades educativas en sentido más amplio.

Cambiando de tema. ¿Ves necesaria la Ley Educativa?

Bueno, desde la barrera. Yo creo que tenemos que plantearnos seriamente qué tipo de centros queremos, hacia dónde vamos.

¿Cuál sería tu apuesta?

Yo creo que hay que seguir dialogando.

¿Quién puede liderar ese diálogo?

Tiene que salir de la Administración Educativa, pero debería ser algo más abierto. Estamos ante un escenario muy complejo para los próximos 10 años. Yo creo que va a haber que suprimir centros. La Escuela Pública ya lo ha hecho. En la década de los 90 hubo fusiones, integraciones… La red pública sí ha hecho un ejercicio de ajuste. A lo mejor hay que ajustar también las otras redes. Kristau Eskola realmente tiene un reto ante el laicismo, que es imparable. Los centros de Kristau Eskola que están bien ubicados superan el tema de la religiosidad. Es un tema sociológico, económico, cultural. Realmente tenemos una patata caliente.

¿Se corre el riesgo de que la Ley se convierta en una superestructura que sobrevuele la realidad y que no les hinque el diente a los temas de fondo?

El tema de fondo, ¿cuál es? ¿La titularidad? ¿La financiación? Eso es lo que está debajo de todo esto. Yo no sé si podemos llegar a la situación que se produjo en el 92. ¿Vamos a seguir manteniendo unos proyectos que quizá hay que cerrarlos? Una ley… no sé si es la palabra, lo que sí hay que hacer es hablar de todos estos temas. Los acuerdos habidos están bien, me parecen interesantes, pero eso se queda en literatura si no se entra en temas de financiación, de estructura del sistema.

Entonces el proceso seguido se está quedando un poco cojo, ¿no?

Bueno, le falta.

¿La red pública debiera ser el eje vertebrador del sistema?

Yo pienso que tiene que ser. Y la otra red, subsidiaria. Pero es un tema económico fundamental. La concertada son las empresas y los proyectos que son. Y hay también un tema ideológico detrás de esto. No puedes obviar la sociedad que tenemos. Somos muy resistentes a los cambios y nos gustan los modelos que tenemos. Decimos: “Si esto ha ido bien, ¿por qué hay que cambiar? Además, nos fidelizamos y hay centros y proyectos que son patrimonio consolidado de colectivos. La escuela pública de la que hablamos en realidad tiene una historia de 30-40 años.

¿Cómo ves el planteamiento de las ikastolas y de la izquierda abertzale en torno a una nueva concepción de lo público?

Yo le he dado vueltas a esto. Hay un problema porque nos apropiamos de los términos. Alguien puede decir: “no, es que yo tengo vocación pública, es que no tengo ánimo de lucro”. Algunos proyectos de las concertadas son estupendos, pero es que tienen un gerente. Tienen una autonomía inusitada, una capacidad de contratación. Nuestro concepto de público es muy dirigido. Estamos comparando dos dimensiones muy diferentes. Algunos pretenden apropiarse del concepto de público, pero “déjame seguir gestionando”. El sistema es el que tenemos, ya está diseñado, otra cosa es cómo equilibramos en los municipios. Pero hay que estar dispuesto a ceder.

¿Le ves una salida al conflicto de los centros de iniciativa social?

Lo veo complicado. Por un lado, sería más financiación…

¿Tú serías partidaria?

Pero el problema es que ellos mismos tiene un reajuste muy grande de su propia estructura. Por un lado, miramos las ratios de la pública, sabemos que el alumno en concertada es más barato, tiene menor coste…

Entonces, ¿la red concertada está infrafinanciada?

¿Están haciendo el mismo servicio? ¿Qué estamos comparando? No tienen el mismo acceso a la función docente, no tienen la misma estructura…

¿Quién tiene razón: Ormazabal cuando dice que no pueden ir más allá si no hay incremento de la financiación o los sindicatos cuando dicen que están negociando con una patronal que tiene que poner más de su parte?

Todos hemos estado en la crisis. Los módulos, los sueldos, las gratificaciones se han contenido. Desde el 2009 prácticamente no ha habido subidas. Ellos tienen más horas lectivas. A final el capítulo I es dinero que le pasa el Departamento para pagar el personal y los conciertos desde año 87 funcionan así. Y hay un sistema de cuotas. ¿Por qué un centro cobra 40 de cuota y otro 400? Hay centros de Kristau Eskola que por su ubicación no pueden cobrar cantidades altas. Así que Kristau Eskola llega a donde llega. Pero el capítulo I del Departamento de Educación es prácticamente el 85%, es para personal, sea de pública o de concertada. En este conflicto concreto el Departamento poco puede hacer.

Un último tema, Nekane. Como responsable de Innovación que has sido, ¿ha calado en la educación vasca o seguimos prisioneros de las inercias de siempre?

Somos muy resistentes al cambio, en general, como sociedad del primer mundo… El sistema educativo vasco ha pasado por muchas dosis de generosidad, de voluntariado. Creo que hemos hecho muchas cosas bien, pero el discurso siempre va por delante. Hay problemas gordos que no se abordan bien, por ejemplo, la formación del profesorado, el acceso a la función docente. Debiéramos ser los mejores y los más competentes. A veces me aburro, porque me oigo igual que hace 36 años. A veces digo si será cosa de nuestras generaciones. Casi la mitad de los docentes está entre 50 y 60 años y no los veo excesivamente motivados. Veo gente desilusionada, a veces quemada. Tampoco hemos avanzado mucho en las estructuras, no tenemos estructuras flexibles.

Y este debate, que últimamente va cobrando grados de temperatura, entre un sector del profesorado que se resiste a esta “modernidad” de las innovaciones, que creen que se está infantilizando al alumnado con la gamificación, que las competencias esconden un vacío de contenidos y conocimientos, y que, por tanto, la escuela está perdiendo la solidez transmisora de conocimientos que teníamos antes.

La escuela no puede ser ni sólida, ni transmisora de conocimientos. Si no, es que no estás viendo la sociedad que tenemos. Hay que ver a la gente de 30 años para abajo. Yo ahora veo a mi nieto. Es inútil pretender que tengan aprendizajes memorísticos de hechos y de conceptos. El hecho educativo ha cambiado. La escuela no es la única fuente de información. Admito que hay una cierta infantilización, pero yo estoy confiada. Yo confío en las nuevas generaciones. Tienen muchas fuentes de información y de acceso al conocimiento. Tenemos otros riesgos y no tenemos certezas, pero yo soy optimista.

Despido a Nekane con la sensación de que podría haber conversado con ella otra hora sin sentir. Agradezco su disposición y amabilidad conmigo por prestarse a este encuentro. Deseo que nos siga regalando con su vitalidad muchos años.

 

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