La Pública y lo público

A partir de 1980 y durante más de una década estuvo abierto el contencioso sobre el modelo de escuela pública vasca. Los primeros años parecía que se vertebraría en torno a las ikastolas. Pero la Ley de la Escuela Pública Vasca se inclinó por resolver la controversia en torno al modelo estatalista-autonomista común en nuestro entorno. PSE y PNV buscaron dar por cerrado un contencioso que se había dilatado demasiado en el tiempo, con la oposición del resto de partidos.

La conciencia de que estamos ante la necesidad de dar nuevos pasos y abrir nuevos horizontes en la educación vasca ha reabierto de nuevo un debate adormecido, traído especialmente de la mano de la izquierda abertzale, de las Ikastolas, de LAB, y de colectivos como Hik Hasi sobre qué es lo público y cuál debe ser el modelo de la escuela pública. Los colectivos vinculados a la escuela pública, por el contrario, no quieren ni oír hablar de abrir un debate que debe estar definitivamente cerrado. En su opinión, la escuela pública vasca será mejorable, pero es la que es y ha llegado el momento de hacerla el eje de todo el sistema.

Los argumentos de un lado se pueden resumir así. La actual escuela pública vasca es autonomista, no es un proyecto nacional, es deudora de estados centralizadores que impiden la construcción de un modelo propio, está excesivamente administrativizada, y no permite la participación popular. Las ikastolas se preguntan: “¿Hay algo más público que una ikastola?” Por el otro lado se razona así: la actual escuela pública es la que verdaderamente asegura el derecho a la educación, la que no selecciona al alumnado, la que no hace acepción de personas por ideas, la que más euskalduniza y la que mejor representa y garantiza lo público. Los tiempos pasados justificaron fórmulas de autoorganización, como las ikastolas, pero ahora solo responden a intereses de sectores particulares de nuestro pueblo.

¿Tiene recorrido este debate? Como fruto del Pacto Escolar del 92 y la Ley de la Escuela Pública Vasca y por efecto de la publificación de parte de las ikastolas el porcentaje cuantitativo de participación de la escuela pública en el conjunto de la educación vasca pasó del 40% al 50%, manteniéndose con leves fluctuaciones ese reparto hasta nuestros días. Yo diría que en el camino hacia romper el actual equilibrio de entre escuela pública y concertada es crucial debatir y acercar posturas, eso sí, sin hacerse trampas, como sería pensar en una red pública unificada con distintas titularidades y con distintos modos de generar el hecho educativo. Pero no debemos quedarnos tampoco paralizados en las desconfianzas.

Voy a enumerar a continuación lo que para mí son algunas limitaciones de unos y otros planteamientos.

  • En primer lugar, debo aceptar que el actual modelo de la escuela pública no me satisface plenamente. Por utópico que sea el planteamiento, para quienes participamos de la concepción social de los bienes comunes, la educación debe ser arrebatada al propietarismo privado, pero también al propietarismo estatal. Como dice la filósofa Marina Garcés, “tenemos que volver a pensar que lo público somos nosotros. Y por lo tanto, aquello que consideramos que es parte de nuestra vida en común no son productos que nos ofrece el Estado sino nuestras propias conquistas.” La educación se mueve en una cultura “delegacionista” por la que entregamos a tal o cual institución la educación formal de nuestros seres queridos. En un proceso de maduración democrática, este modelo debiera evolucionar hacia otros más participados y construidos por la gente. Sin negar la elección de centro, la educación no es una cuestión de consumidores, sino de ciudadanía consciente. ¿Es pública toda escuela de titularidad administrativa? Lamentablemente queda mucho centralismo y mucho corporativismo por depurar.
  • Pero si la ecuación escuela estatal = escuela pública no es automática, tan cuestionable o más es la de escuela cooperativa = escuela pública. Cualquier legítima asociación cooperativa en favor de un modelo de enseñanza, de una opción pedagógica o de una opción ideológica no convierte automáticamente en pública esa enseñanza. En alguna ocasión he señalado que lo cooperativo no evita necesariamente lo corporativo. Añado que muchas veces esas pretensiones de reconocimiento público vienen de la mano de opciones ideológicas que identifican automáticamente la independencia de Euskal Herria con el surgimiento automático de una escuela popular, participativa, descentralizada, vinculada a la administración local, como en Escandinavia, y progresista. Pero hay que recordar que eso no está ínsito en la genética vasca y que la interiorización de la dinámica de los bienes comunes es una tarea lenta de paciencia histórica, sea cual sea el marco institucional. Del propietarismo no estamos libres los euskaldunes, al igual que los demás.

Seguiré abundando en esta cuestión crucial de nuestra educación vasca. Pero, para evitar malos entendidos y pretendidas equidistancias, quiero terminar con dos matizaciones. La primera es que el deseable desarrollo de modelos avanzados de educación pública entendida como comunitaria no necesariamente va a hacer prescindible la Administración (sea local, estatal vasca o estatal española y/o francesa), aunque sí a repensarla para que juegue un papel muy diferente. Y la segunda es que todas las aportaciones serán bienvenidas y las de Ikastolas son muy relevantes para la construcción de una escuela pública nacional. No deberíamos perdérnoslas. Pero la base ya está puesta y esa no es otra que la escuela pública vasca. La historia no pasa en vano.

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