¿Tenemos ya un Pacto Escolar?

El Acuerdo de Gobierno PNV-PSE recogió como primer compromiso del apartado de educación “un Pacto Educativo que termine configurándose en una nueva Ley Vasca de Educación“. Está en debate la necesidad de dicha ley, pero previamente hay otra cuestión aún abierta:  ¿Tenemos ya un Pacto Escolar?

Con gran habilidad, va penetrando un relato de que ya hay un acuerdo educativo que se va a presentar bastante consumado a los partidos, pues hasta aquí ha recorrido con la puntualidad de un tren moderno las diferentes estaciones que se programaron para su recorrido. Para botón de muestra de hasta dónde puede ser incorporado acríticamente un relato sobre el Pacto Escolar bastan estas palabras de José Antonio Pastor (PSE), refiriéndose a la segregación: “Y esos mimbres… están en algo que nos importa mucho, que es el pacto educativo que se alcanzó hace unos meses. Y ese pacto para nosotros es muy importante porque ha sido un punto de inflexión en la relación entre el Departamento y la comunidad educativa…”. (Plenario 04/10/2018).

Pues bien, las próximas líneas van encaminadas a desmontar ese relato. Sostengo que no estamos ante un pacto escolar ni por definición, ni por contenido, ni por procedimiento.

No estamos ante un pacto escolar porque, por definición, la propia palabra pacto indica acuerdo entre diferentes. El actual Acuerdo de Bases habla de modernización del sistema, de innovación educativa, de autonomía de centros, de convivencia, de multilingüismo, algo sobre lo que a una inmensa mayoría no hace falta poner de acuerdo. Habrá matizaciones o pequeñas fricciones en algunos puntos, pero en todo esto se puede seguir  avanzando -sin necesidad de leyes, por cierto-  sin que la regulación en estos temas produzca grandes terremotos en el statu quo.

Deliberadamente se han ido dejando las cuestiones que sí son necesarias para un verdadero acuerdo. Lo ha dicho, por cierto, el Consejo Escolar de Euskadi en su Informe: la estructura y arquitectura del Sistema Educativo Vasco, la financiación, la euskaldunización, la planificación, el tratamiento de la religión… (sic.) Lo hubiera dicho yo de otra forma, pero he preferido mantener la literalidad del Informe del Consejo por aquello del argumento de autoridad. Así pues, están orillados los verdaderos debates que nos dividen y que nos impiden avanzar y que deben ser objeto de acuerdo. Otro botón de muestra para ilustrarlo. El acuerdo PNV-PSE dice: “Un pacto que reconozca el papel esencial de la Escuela Pública y su carácter laico, establezca las bases regulatorias para la financiación del conjunto del Sistema educativo, y prepare los cambios materiales y metodológicos para el desarrollo de la innovación tecnológica del mismo“. Sin embargo, la Consejera impulsora del pretendido pacto acaba de declarar: “¿Estamos dando por supuesto que la futura ley tiene que recoger un modelo de financiación? Pues eso habrá que verlo.” Deia (23/09/2018).

A mayor abundancia, podríamos comparar el texto actual de Bases para el Acuerdo con el gran referente de Pacto Escolar que tenemos, que es el firmado en el año 1992. En dicho pacto se habla de incrementos retributivos, de medidas de planificación que incluían el paso de tres a dos redes, manteniemiento de cuotas de alumnado por redes, compromisos de no concertación que supusieran alterar el equilibrio pactado. Se habla de tipología de centros, de modelos y perfiles, de financiación, de compromisos presupuestarios… En fin, más allá del grado de adhesión al mismo, podemos decir que aquel Pacto no estuvo vacío de contenido.

Por último, entrando ya en lo procedimental, es discutible que el proceso teledirigido que ha llevado a cabo el Departamento pueda ser homologable para lograr su fin, el Pacto Escolar. Mucho menos ha conseguido ese “punto de inflexión en la relación entre el Departamento y la comunidad educativa” al que se refería Pastor. Como ya he señalado en alguna otra ocasión, sin perjuicio de valorar positivamente los contenidos del Documento de Bases y las aportaciones de las personas que participamos, hay que recordar que el punto de partida fueron unas ponencias ya prefrabricadas sobre el que las personas invitadas solo pudimos hacer aportaciones en nuestro apartado, pero cuyo resultado global nunca llegamos a conocer hasta el día de su presentación. Por lo que se refiere al Consejo Escolar, se vende que aprobó el documento un 70% del mismo, cuando lo único que aprobó fue su propio dictamen y, este, por cierto, con los votos particulares de los agentes que representan la Enseñanza Pública.

Dudo que haya ley educativa, pese a que hay señales de que el Gobierno quiere pisar el acelerador a fondo. Pero si sale con estos mimbres, por usar la metáfora de Pastor, a salvo de las referencias al euskera, servirán para hacer una ley que lo mismo podría aplicarse en Murcia o en Euskadi, pues estará construida sobre un “no pacto”, que solo puede salir adelante si quienes están a otras cosas, deciden seguir precipitándose hacia  la irrelevancia de su posición. Una pena cuando sus antecesores fueron tan decisivos en la política educativa de este país.

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